Acuarelas en vibración

Rafael Barradas

  • Muestra: Acuarelas en vibración
  • Género: Acuarela

Ficha

Resumen

Barradas
Acuarelas en vibración

Colección MNAV

 

Rafael Pérez Barradas (Montevideo, 1890-1929), o Barradas, cómo fue su firma habitual, participó —en tanto artista y actitud vital— de un tiempo cuyo contexto artístico fue una escalada de ismos, corrientes plásticas y literarias de posturas renovadoras.

Fue difusor de su propios ismos, entre ellos el vibracionismo, que si bien habitaba en el ámbito de varias vanguardias, define la estética de su práctica hasta entrados los años veinte del pasado siglo. De esta propuesta y contexto histórico renovador parten la mayoría de las obras de la presente iniciativa del MNAV.

En carta a su amigo Torres García, Barradas le relata su experiencia simultaneísta que llevará a sus afiches, acuarelas, óleos, dibujos, escenografías, ilustraciones de libros y revistas: "...hace cosa de cuatro o cinco meses, un día, estando VIENDO en un café, pasó un batallón, es decir, unos sonidos de trombas y tambores y unas campanas de tranvías. Simultáneamente sonaba un piano en el café, pero que quedaba fuera del café, vibraban todas las cosas, que en realidad no lo son. YO VIBRABA de tal manera que CREABA LAS COSAS". Así discurre en la exposición un conjunto de acuarelas en clave de vibración de la ciudad, sus gentes y objetos, que corresponden al período más revulsivo del artista.

Inventor de ismos, antena de su tiempo, en tanto se movía entre ámbitos creativos con los mismos intereses de su presente expresivo: la pintura, el frenesí de la inquietud urbana, las peñas y tertulias ultraístas, los bares, las calles y los negocios con sus escaparates y ofertas, la ilustración de libros —especialmente para niños— y una poesía pictórica en sutiles correspondencias epocales con corrientes como el ultraísmo literario.

Barradas fue un artista trashumante: hijo de inmigrantes españoles, él también emigró en múltiples ocasiones. Tras una fugaz estancia en Buenos Aires, parte para Europa desde Montevideo en 1913, gracias al apoyo de su amigo el tenor Alfredo Medici. El artista deja atrás un Montevideo modernista, donde formaba parte de la bohemia literaria en bares emblemáticos. Desembarca en Milán donde tomó contacto con el futurismo; visita Roma y París, recala en España, que recorre como caminante, y especialmente desarrolla su recorrido artístico en Zaragoza, Madrid, Barcelona —ciudad donde conoce y cultiva la amistad con el maestro Torres García—. Años después, ya enfermo, arribó a Montevideo donde falleció en 1929.

María Eugenia Grau
Curadora


19 de Set, 2025 – 09 de Nov, 2025
Museo Nacional de Artes Visuales
Sala 1

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Salas

  • Museo Nacional de Artes Visuales

    Ver en mapa
    • 19/09/2025 - 09/11/2025

      • Martes a domingos 13:00 a 20:00 hs

Comentario de Cartelera.com.uy

Barradas o el vértigo de la modernidad

Quedan pocos días para poder disfrutar de esta cuidada selección de acuarelas del más alto exponente uruguayo de las vanguardias europeas de principios de siglo XX.

Pocas veces en la historia de la pintura uruguaya la diversidad y la calidad se mantienen en tan parejo equilibrio. Rafael Barradas (Montevideo, 1890-1929) poseía un don que moldeó y trabajó inagotable en el transcurso de su corta existencia y que perdura aún con la frescura inicial del hallazgo, del color intuitivamente colocado, de la tensión permanente y trabada de las líneas. Tenía, claro, mucho oficio. O muchos oficios: ilustrador de revistas y libros, caricaturista, cartelista, escenógrafo, vestuarista, historietista.

Poseía también una personalidad entrañable según los testimonios que nos llegan de primera mano: abierta a la nuevo, amistosa y sagaz. Combinaciones personales que posibilitaron formas de investigación plástica capaces de eludir restricciones psicológicas y frenos emocionales. Se empapaba de la visualidad del entorno como únicamente un buen diseñador gráfico y alguien que conoce la calle puede hacerlo.

Pero tenía además el “ojo” del pintor que sabe elegir entre cientos de opciones aquella que conviene a la resolución de una pieza compleja. Rafael, con su personalidad aniñada, con su candor de adolescente incurable, con su visión penetrante, nos legó lo mejor de las vanguardias europeas: el optimismo y la renovación. La ruptura crítica y la aversión –cuando es innecesaria e impostada- hacia el pasado del arte, no cuentan en su obra.

Las circunstancias azarosas de su vida personal -materialmente pobre e inquieta hasta lo novelesco- pueden adivinarse indirectamente en la contemplación de estas acuarelas.

Barradas no era un hombre de taller tal como nos imaginamos a un Torres García, con el que entabla amistad tempranamente (1916). Era casi un artista ambulante y esta aseveración es al menos cierta como metáfora. La permanente inquietud lo inmiscuye en ese mundo transitado y transitorio, del teatro y las revistas literarias, de los cafés y la tertulia intelectual. En Montevideo o en España, su quehacer se sumerge en un remolino de relaciones amistosas, Julio Casal, Joseph Dalmau, Gutiérrez Gili, José Catelli, Alberto Lasplaces, Joan Salvat-Papasseit, Celso Lagar, Margarita Xirgú, García Lorca, Martínez Sierra, Jarnés, Ramon Gómez de la Serna, Rafael Alberti, Dalí, Buñuel, Guillermo de Torre, entre muchos otros.

En ese vértigo de las discusiones acaloradas y de ismos que se suceden unos a otros, Barradas hace pie y concreta su propia versión de la modernidad. Tal vez el excesivo influjo de la academia europea no nos haya permitido discernir, hasta no hace tanto, la importancia de Barradas en la consolidación de las corrientes vanguardistas, esas que confluyen en el ultraísmo, por ejemplo.

Pero lo más importante es que el uruguayo es un generador de nuevos lenguajes y que solo una falta de “publicidad” –murió en Uruguay, joven y pobre- , pudieron retrasar su destape. Llegó a tener su propia tertulia, el Ateneíllo de Hospitalet, donde marcaba el paso, contagiaba y era contagiado.

Explica Joaquín Torres García en su libro Universalismo constructivo de 1944: “El vibracionismo es, pues, cierto MOVIMIENTO que se determina fatalmente por el paso de una sensación de color a otra correspondiente, siendo cada uno de estos acordes, diversas notas de armonía distintas, fundidas entre sí por acordes más sordos, en gradación más opaca”.  Resalta en esta definición musical de Torres el tránsito de las sensaciones como una posta de colores, de ritmos y palabras, que pasan de una zona a otra del cuadro. El movimiento es, en esa instancia augural de la pintura moderna y de las grandes metrópolis, la suprema aspiración de los primeros ismos artísticos, como el futurismo y el cubismo.  Era connatural a una transgresión de las limitantes físicas de las artes plásticas ante el avance de los nuevos medios tecnológicos masificados, como el cine, el tranvía, las turbinas eléctricas, el automóvil.

Pablo Thiago Rocca

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ARTE/32762

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